CORRESPONDENCIA

Correspondencia con Lionel

Fiorella Litvinoff
Sobre quien escribeFiorella Litvinoff

Licenciada en psicología (UBA).Profesora de Psicología (UBA). Practica el psicoanálisis. Autora del libro "Psicoanálisis de la nueva vida cotidiana. Una lectura acerca de las redes sociales" y coautora de "Duelarse. Una correspondencia psicoanalítica". Co-dirige Philos, una revista digital de psicoanálisis, arte y cultura.

Lionel Klimkiewicz
Sobre quien respondeLionel Klimkiewicz

Licenciado en Psicología (UBA), Psicólogo de planta en el Hospital J.T. Borda desde el año 2000. Profesor de la Universidad Abierta Interamericana. Profesor Titular en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Editor de la serie “Manuscritos de Freud”, de Editorial Mármol Izquierdo. Director de la colección “Senderos del Psicoanálisis” en Editorial Letra Viva.

¡Hola Lionel! Cuando junto a Xime nos preguntamos con quién iniciar esta serie de epístolas tu nombre asomó sin dudar.

Experto en la obra freudiana, traductor, analista en el hospital borda. Tengo tantas preguntas que no sé qué sendero tomar. Empiezo por esto: desde hace un tiempo vengo escuchando a algunos analistas sostener ciertas ideas que me llaman la atención tales como que tenemos que dejar atrás a Freud, que él tuvo una lectura evolucionista y biologicista, que la obra de Lacan no es un retorno a Freud (fundamentalmente no a la segunda tópica freudiana) ni una continuidad (freudolacanismo) sino algo notablemente diferente. ¿Qué pensas de estas ideas? ¿Qué tipo de lazo ubicas entre Freud y Lacan?

También me interesa meditar en tu labor de traductor de la obra freudiana. ¿Cómo concebís este oficio de traductor en tanto su etimología indica traición? ¿Se puede decir que leemos a Freud o sería más preciso decir que leemos a Freud en Ballesteros o Etcheverry? ¿Leemos una interpretación de la obra freudiana? ¿Cuánto se pierde, cuánto se transforma en el proceso de traducción?

Como verás, son varias preguntas, metete por dónde quieras. Va a ser un gusto leerte.

Fiorella

¡Hola!

Son varias preguntas, voy a intentar responderlas de a poco, en orden. Creo que, para entender el problema de la traducción de la obra de Freud, hay que partir de algunas cosas. Primero, Freud, cuando desarrollaba su teoría, cuando ya comenzó a ser más conocido en sus planteamientos en su época, se dió cuenta de la trascendencia de sus postulados, de su práctica que había inventado, y se percató que era muy importante llegar a más gente, extender el psicoanálisis, y él, que había sido traductor también, entre otras cosas, entendió la importancia de que su obra empiece a ser traducida.

La historia es bastante conocida: Freud se ocupó bastante de que sus escritos fueran traducidos a la mayor cantidad de idiomas posibles. Incluso -tal vez en un exceso de confianza de su parte respecto a los efectos de su obra- no le inquietaba demasiado el resultado final de la tarea de los diversos y a veces para él desconocidos traductores. Lo importante para Freud era que se tradujeran, que el psicoanálisis llegara a la mayor cantidad de personas posible, que se expandiera, seguramente porque pensaba que eso aseguraría su supervivencia. De algún modo, que en ese proceso se produjera el importante acontecimiento de que la primera traducción como “Obra completa” se realizara en castellano, hizo que el tiempo le diera la razón. Sin duda, es en los países de habla hispana donde el psicoanálisis más se ha extendido, y además ha echado raíces profundas en la cultura y en sus diversas clases sociales, en los ámbitos públicos y privados, en los medios de comunicación y las universidades. En nuestra cultura hispanohablante pululan las escuelas de psicoanálisis, los grupos de estudio, jornadas de trabajo, congresos y publicaciones de diversa índole y formato. En cada uno de esos lugares, sin importar la orientación teórica que las guíe, se cita la obra de Freud traducida al castellano, se repiten sus frases, se las discute, se las interpreta y critica.

En ese punto, tenemos la suerte de que su primera versión de obra completa traducida fue al español, la realizada por López Ballesteros. Después ya tenemos la traducción completa de esa obra, que completó Ludovico Rosenthal, y luego, más tarde, la traducción que realizó Etcheverry para Editorial Amorrortu. Freud, por un lado, entendía que políticamente era necesario que su obra se tradujera, y, a decir verdad, uno podría pensar que no se preocupaba tanto por que fueran buenas traducciones, sino que realmente se tradujera su obra.

Bueno, eso se logró. Ya, 100 años después de su obra, tenemos en castellano dos buenas traducciones. Ahora, son dos muy buenas traducciones, sí, es verdad, pero, también, las dos traducciones tienen sus falencias, sus errores y sus omisiones.

Basta recordar el embrollo que resulta del problema de que el idioma alemán cuenta con dos términos que en castellano nos es difícil traducir: Realitӓt y Wirklichkeit, traducidos por Etcheverry como realidad objetiva y realidad efectiva respectivamente, y que todavía tiene por efecto varias confusiones al leer a Freud. O el que muestra el modo en que traduce Abwendung y Entfremdung, y hace decir a Freud que la niña se extraña de su madre, entre otros desatinos. 

Los ejemplos son múltiples. Me permito aquí traer, para mostrar aunque sea uno de ellos, un señalamiento que realiza J.C. Cosentino en su edición de Más allá del principio de placer, cuando toma un término muy importante del capítulo 1 del texto de Freud. Ahí Freud comienza el párrafo 7 diciendo: 

[7] Es ist indes unzweifelhaft, daß die Ablösung des Lustprinzips durch das Realitätsprinzip nur für einen geringen und nicht für den intensivsten Teil der Unlusterfahrungen verantwortlich gemacht werden kann. Eine andere, nicht weniger gesetzmäßige Quelle der Unlustentbindung ergibt sich aus den Konflikten und Spaltungen im seelischen Apparat, während das Ich seine Entwicklung zu höher zusammengesetzten Organisationen durchmacht. Fast alle Energie, die den Apparat erfüllt, stammt aus den mitgebrachten Triebregungen, aber diese werden nicht alle zu den gleichen Entwicklungsphasen zugelassen.

Etcheverry traduce:

(7)Es indudable, no obstante, que el relevo del principio de placer por el principio de realidad puede ser responsabilizado sólo de una, pequeña parte, y no la más intensa, de las experiencias de displacer. Otra fuente del desprendimiento de displacer, no menos sujeta a ley, surge de los conflictos y escisiones producidos en el aparato anímico mientras el yo recorre su desarrollo hacia organizaciones de superior complejidad. Casi toda la energía que llena al aparato proviene de las mociones pulsionales congénitas, pero no se las admite a todas en una misma fase del desarrollo. (A.E.,XVIII, 10)

La edición de J.C.Cosentino:

[7] Es, sin embargo, indudable que el relevo del principio de placer por el principio de realidad sólo puede ser responsabilizado por una parte reducida, y no la más intensa, de las experiencias de displacer. Otra fuente de libramiento de displacer no menos acorde a la regla resulta de los conflictos y escisiones en el aparato anímico mientras el yo atraviesa su desarrollo hacia organizaciones de composición más elevada. Casi toda la energía que colma el aparato proviene de impulsos pulsionales que trae consigo pero no a todos se los acepta en las mismas fases de desarrollo.(Cosentino, 407)

Entonces, Cosentino nos explica:

“Hemos vertido mitgebrachte Triebregungen por “impulsos pulsionales que [el aparato] trae consigo”, lo cual requiere una aclaración. Etcheverry traduce mitgebracht, aquí y en numerosos lugares de la obra freudiana, por “congénito”. También da esa opción para otros varios términos alemanes, pero no nos ocuparemos aquí de ellos. Parece una decisión con importantes consecuencias. “Congénito” no es un término coloquial, sino que es una palabra que está asociada a la terminología médica y a una concepción biológica que pone énfasis en lo innato. Ahora bien, mitgebracht sí es coloquial. Es, en verdad, el participio pasado del verbo mitbringen -literalmente “traer con”- que significa aportar, traer consigo algo cuando uno llega a algún lado (por ejemplo, cada cónyuge, cuando llega al matrimonio, aporta bienes “propios”). Evidentemente, cuando uno llega al mundo trae algo propio consigo, y es probable que Freud se esté refiriendo a eso: lo congénito -cuando usa mitgebracht- es “lo que viene con uno” al nacer (en ocasiones utiliza mitgeboren, que describe eso más literalmente). Ahora bien, es posible detectar que, en textos en los que quiere expresarse técnicamente, aquellos en los que habla en “lenguaje médico”, Freud no utiliza mitgebracht, sino el término de origen latino kongenital. Pero la mayoría de las veces Freud no elige el tecnicismo médico para referirse a lo congénito, y tampoco su equivalente sajón, angeboren, que sería una alternativa, sino un término con una acepción claramente más vasta. Es decir: es probable que Freud se esté queriendo referir a lo innato, pero no es por azar que utilice términos que al lector alemán le sugieran algo mucho más amplio que “aquello que viene en los genes”, como lleva a pensar el término “congénito”. Es una de las vías que nos pueden llevar a pensar en la amplia redefinición freudiana de los antiguos conceptos de herencia (Erbschaft), de lo constitucional (konstitutionell) y de lo filogenético (phylogenetisch) con un alcance no biológico.” (Cosentino,408)

Otra cosa que hay que considerar, que me parece que es muy importante, es que todavía no terminamos de leer a Freud, porque entender la obra de Freud no implica solamente conocer sus escritos publicados, sino que, a esta altura, es necesario trabajar con aquellos primeros artículos de Freud que él publicaba como neurólogo, para entender cómo fue desarrollando luego su teoría respecto al psicoanálisis, sino también incluir las cartas de Freud, las cartas que son tan importantes, donde se ve cómo él construía su teoría, y cómo pensaba la clínica. Esas cartas, lamentablemente, han sido muchas de ellas, no todas, porque todavía algunas no salieron a la luz, traducidas al castellano, sí, pero por diferentes personas, en diferentes ediciones, y muchas son de muy mala calidad, e incluso algunas han llegado traducidas al castellano, pero de una traducción al inglés. También es muy importante saber qué escribían sus interlocutores, y también de esa obra hay mucha que no está traducida, y además, muchas de ellas están mal traducidas.

Entonces, no es fácil estudiar la obra de Freud.

Los traductores, el trabajo de la traducción es un trabajo apasionante, yo no soy traductor, nosotros trabajamos con traductores cuando hacemos nuestras traducciones de los manuscritos de Freud, pero por lo menos he aprendido bastante sobre las dificultades de traducir la obra de Freud. Y todo traductor es un lector y se trata también entonces de pensar cómo lea un traductor para traducir la obra de Freud. Y a la obra de Freud cuando uno traduce un texto hay que hacerle varias preguntas, por ejemplo, qué dice Freud, cómo lo dice, cuándo lo dice, a quién se lo dice, para acercarse al texto.

Después hay que conocer la terminología freudiana, hay que conocer los conceptos, hay que conocer cómo trabajaba Freud, según el momento de su obra, y recién ahí poder empezar a trabajar con sus textos. En definitiva, siempre es un modo de lectura y los traductores de la obra freudiana eran lectores de Freud y hacían una lectura de la obra de Freud, por eso nosotros entendemos que es muy importante cuando editamos los manuscritos de Freud proponerle al lector una edición bilingüe para que él mismo, ante la duda, pueda hacer el trabajo de traducción. Eso es fundamental.

Sin desviarnos del tema, podemos incluso abordarlo desde otro lado. Así como Lacan nos advertía respecto a la táctica, estrategia y política del analista, podríamos considerar por ejemplo ese tríptico también en la tarea de traducir. Esto nos abre la puerta a pensar desde dónde se realiza una traducción, es decir, cómo lee el traductor. Y en el caso de Etcheverrry lo vemos muy claro. Basta leer su trabajo “Sobre la versión castellana”, ese último tomo de la edición de E. Amorrortu, bastante olvidado en general por los lectores de Freud, donde resalta su lectura filosófica, y busca en Fitche, Schelling, Kant, una apoyatura epistemológica de los planteos freudianos. Una postura que pone el eje en su propio acervo cultural más que en el de Freud, que siempre quiso estar más cerca de Grecia y Roma que del romanticismo alemán, que sin duda influyó en él, pero más por su literatura que por su filosofía. En mi opinión, diría incluso que ha calado más hondo en Freud su lectura de Goethe o de Heine, que aquellas que pudo haber realizado sobre la obra de cualquier filósofo alemán. Etcheverry quiere mostrar un Freud científico y romántico porque es ahí donde tal vez busca la garantía de su traducción.

Queda claro el problema. Etcheverry, de más está aclararlo, fue un gran traductor, al que el psicoanálisis le debe mucho. Pero no era psicoanalista. Y tal vez esto influyó en que se le escapara lo más evidente: que la obra de Freud no es un sistema, sino que es una obra enorme, monumental, pero fragmentaria. Posiblemente algo que pudo haber confundido su lectura es el desconocimiento, no solo de la práctica psicoanalítica sino también de otros materiales de trabajo, como los manuscritos y cartas de Freud. Esto lo llevó a confundir un texto donde Freud se preocupaba más por la divulgación, donde imaginaba un interlocutor más ajeno al psicoanálisis, o textos más especulativos, como algunos que aparecen en ese párrafo citado y que en realidad no son síntesis sino puntos de partida para nuevas investigaciones, como el caso de El yo y el ello. Justamente, respecto a este trabajo de Freud, Etcheverry nos quiere explicar que es un texto que trata del autoconocimiento del yo, que se va produciendo en una lógica dialéctica-evolutiva. Busca resaltar una supuesta evolución que se produce en la teoría, tal como avanza la ciencia. Insisto aquí con la pregunta formulada en un principio: ¿En cuánto influyó esto en la idea que todavía hoy vemos arraigada cuando leemos a algunos psicoanalistas que tienen a la obra de Freud como vetusta o superada, e incluso algunos otros que comienzan a formarse en psicoanálisis desde la lectura de los últimos seminarios de Lacan? 

Siempre se va a perder algo cuando se hace una traducción, cuando se hace un pasaje entre lenguas, pero también siempre se puede ganar algo. Esa es la ventaja que también tenemos en el castellano. Bien, se trata entonces de saber qué se pierde y qué se gana, por eso es tan importante en una edición, y en las ediciones más conocidas que tenemos de la obra en castellano de Freud, lamentablemente no contamos con notas del traductor, sino contamos con las notas que hizo Strachey en su momento, pero se requieren notas de traducción, notas, comentarios respecto a terminología, conceptos, que puedan ir dándole al lector las herramientas para acercarse a la obra de Freud.

Tal vez la respuesta esté en pensar cómo debe editarse la obra de Freud. En principio, en castellano se tradujeron los textos, luego se ordenaron cronológicamente, hasta que se tomó el modelo de la Standard Edition, con las notas de Strachey como guía. Y en este interjuego entre presunta rigurosidad, literalidad y pretensión de cientificismo, ha habido varios efectos, entre los cuales se destaca el de la aparición de una buena cantidad de lectores casi religiosos, que nunca ante los tomos verdes se han puesto colorados por no preguntarse qué leen o a quién leen. Creer que la traducción perfecta es posible, es alejarse del terreno de la creencia y acercarse al de la certeza, es decir, al delirio, al significante que se significa a sí mismo, en donde el afán de correspondencia entre términos de diferentes lenguas termina en letra muerta. Por eso, hay que asumir la pérdida que toda traducción conlleva. Si no caeríamos en querer hacer un mapa del imperio que ocupe todo el imperio, como plantea Borges en El rigor de la ciencia antes citado. Y ese es un efecto de la traducción literal: sentir que no hay pérdida. Pensar un psicoanálisis científico necesita de traducciones científicas, literales. ¿Pero es el psicoanálisis una ciencia? Querer ser literal y traducir siempre igual un término de Freud es pretender homogeneizar su obra, cuando esta obra es heterogénea y abierta. Una obra no transmite información, sino que -como diría A. Berman- abre a una experiencia, entonces no necesita literalidad.

Lamentablemente todavía subsiste, y a veces cada vez más, la idea de que Freud era evolucionista y biologicista, y eso tiene que ver con una lectura que se ha hecho de Freud, y una lectura fundamentalmente basada en muchas de las interpretaciones que hizo Strachey de la obra de Freud, que después fueron vertidas en la edición de la traducción de Echeverry. A mí, después de años de leer a Freud, de trabajar con las traducciones, me resulta cada vez más difícil leer a Freud, me resulta cada vez más compleja su obra, a mí me resulta realmente llamativo, sorprendente, que haya gente que lamentablemente todavía diga que la obra de Freud fue superada, cuando después de introducirme tanto tiempo en la obra de Freud me resulta tan difícil entenderla. ¿La obra de Lacan es un retorno a Freud? Por supuesto que sí, porque Lacan, tanto como Melanie Klein, como Winnicott, eran lectores de Freud, y hacían sus lecturas de Freud, y a partir de eso hacían sus planteamientos.

Por supuesto que traducir implica por un lado plantear, como decía Borges, que no hay texto definitivo, ni versiones definitivas, que esa idea responde a la religión o al cansancio. Él decía que hay sólo borradores, y esta es una idea importantísima que permite mantener viva una obra, de no cerrarla, de no hacer de ella letra muerta y petrificada. De hecho, muchas de las críticas que se le hacen a Freud las realizan quienes leen un texto de él como si fuera definitivo. Entonces creen, por ejemplo, que lo que Freud dijo en “La organización genital infantil”es su última palabra sobre la sexualidad. Un texto no marca un final de un proceso, sino un descanso en el camino. Por algo Freud corregía hasta el último minuto. Además, hay textos suyos que corrigen los anteriores y plantean reformulaciones que convierten al texto precedente en un borrador, o en una primera versión. Es decir, es necesario pensar una nueva edición y traducción de la obra de Freud desde esta lógica borgeana, y no desde el discurso científico o universitario.

Y por otro lado, traducir es elegir, y como toda elección, implica una pérdida. A su vez eso está determinado por una lectura (que lleva la marca de la época, como demuestra Borges en su Pierre Menard). Pero leer no implica forzar el texto, por lo que no hay que confundir lectura con delirio interpretativo, es decir que no hay que realizar una interpretación cerrada donde todo concuerde y se intente así convencer al lector.

Cuando uno lee la obra de Lacan, uno se da cuenta que Lacan le ha dedicado a muchos seminarios a corregir la traducción francesa de la obra de Freud, a hacer su lectura de la obra de Freud, a hacer sus recortes sobre la obra de Freud, a proponer algunas planteamientos o soluciones a algunas dificultades que encontraba Freud en su práctica, y en su teorización de su práctica. ¿Freudolacanismo? Bueno, en realidad yo diría que Lacan es uno de los mejores, o tal vez el mejor lector de Freud que hubo. Hay algunos problemas con eso, porque en realidad Lacan, en muchos lugares de su obra, refiere cuestiones muy explícitas de Freud, de su obra, de sus términos, de sus palabras, de sus textos, y otras veces está hablando de Freud sin decirlo.

Toda la parte topológica de la obra de Lacan va al fondo sobre un problema que encontró Freud en su teorización. Se podría leer desde ahí perfectamente, hay muchas pruebas para sostener eso. Entonces, pensar que es una teoría y una clínica totalmente diferente, implica un desconocimiento de la obra de Freud, y un desconocimiento entonces de la obra de Lacan, porque Lacan era en principio un lector de Freud. Entonces, si por un lado yo, en mi opinión, planteo que todavía no terminamos de leer a Freud, es muy arriesgado decir que Lacan se separó y distanció totalmente de la obra de Freud, por eso hasta sus últimos escritos sigue nombrando a Freud, incluso a veces para criticarlo en algunas cuestiones, pero no deja de ser su referencia primera la obra de Freud.

Escucho y leo muchas veces comentarios de colegas que critican a Freud y me doy cuenta que ni siquiera se preguntan si en verdad hablan de Freud o de lo que dijo el traductor de Freud. Los ejemplos son muchos. Todavía se escucha por ahí a algún analista que dice que Freud escribió “mis histéricas me mienten” u otros que toman la terminología de Lacan respecto a la crítica que realizó respecto de lo que llamó los posfreudianos y la psicología del Yo, sin haber indagado qué dijo Freud sobre el yo. Tampoco se lee a muchos discípulos de Freud con los cuales él dialogaba. 

Por otro lado, ahora tenemos acceso a los manuscritos de Freud, y lamentablemente Lacan no pudo acceder a ellos. ¿Hubiera dicho Lacan lo que dijo respecto al concepto de Negación si hubiera visto el manuscrito de Freud original y el primer título que Freud le iba a poner, tal como lo mostramos en nuestro libro? Ese es solo un ejemplo. 

Cada vez soy más cuidadoso en lo que respecta a la obra de Freud, porque aprendí que lleva mucho tiempo entender algo de lo que dijo. Por eso me tomo mi trabajo. Le hago preguntas al texto, busco los términos en el idioma original, investigo cómo los usó en otros textos. Cotejo traducciones. Consulto con traductores, trabajo en mi clínica, etc.

Saludos

Lionel