CORRESPONDENCIA

Correspondencia con Ximena

Fiorella Litvinoff
Sobre quien escribeFiorella Litvinoff

Licenciada en psicología (UBA).Profesora de Psicología (UBA). Practica el psicoanálisis. Autora del libro "Psicoanálisis de la nueva vida cotidiana. Una lectura acerca de las redes sociales" y coautora de "Duelarse. Una correspondencia psicoanalítica". Co-dirige Philos, una revista digital de psicoanálisis, arte y cultura.

Ximena Guerreros
Sobre quien respondeXimena Guerreros

Psicóloga. Practica el psicoanálisis. Especialista en Psicopatología y Salud Mental. De IUSAM (Asociación Psicoanálitica de Buenos Aires). Coautora de "Duelarse. Una correspondencia psicoanalítica". Co-dirige Philos, una revista digital de psicoanálisis, arte y cultura.

Correspondencia con Ximena

Querida amiga: ¡Cómo extraño escribirte! No es lo mismo enviarte audios de WhatsApp, prefiero escribir una carta. En esta época donde las palabras se evaporan y prima el monólogo, las letras en una correspondencia cobran otro espesor. Es tan difícil conversar actualmente. Son tiempos difíciles para el mundo. Lo asechan guerras, crueldades, soledades. Hay que inventar lugares que nos permitan seguir juntas. Pensar. Producir amorosidad. Esta epístola es un modo.

Hoy te escribo desde Roma, un barrio de la ciudad de Mexico. Roma tiene algo de Montmartre, un lugar bohemio donde se respira un aire juvenil y colorido. Camino entre sartenes de distintas comidas que no logro descifrar e invaden mi paso por esta ciudad. Una ciudad que elegí conocer fundamentalmente por su variedad de arte, envolvente. El caos mexicano con sus bocinas disímiles, la gente apurada y las ventas callejeras en altavoz paliaban mi soledad. A México vine sola. Escribirte es una manera de sentirme acompañada.

En mi paseo por el museo de arte moderno fui en búsqueda de un cuadro que me interpela hace años y quería tenerlo de frente, cara a cara. Estoy hablando del cuadro de Remedios Varo: “Mujer saliendo del psicoanalista”, ¿lo conocés?

Lo primero que llamo mi atención al ingresar fue su jardín colonial abierto que era utilizado para exponer obras de arte. Estaba acostumbrada a concebir a los museos como espacios cerrados en donde el afuera quedaba excluido. El jardín rompe con esta modalidad. Allí había una escultura nominada “Somos fragmentos” en donde una mujer fue hecha de mosaicos entrecortados.

Sé que el museo aloja distintos artistas interesantes pero en ese momento yo solo quería ver el cuadro de Remedios Varo.
Lo busco y lo busco y cuando lo encuentro me sorprende la ausencia de gente, como si el cuadro me hubiese estado esperando a mí. No tengo que compartir el cuadro con nadie, me invade una sensación de satisfacción difícil de describir, como cuando se conoce a alguien que hace tantísimo tiempo uno esperaba.

Mirarlo y que me mire fue una verdadera experiencia, por alguna razón que desconozco me veo reflejada en el cuadro, como si algo íntimo que ya olvidé estuviera dibujado en ese lienzo. Mientras los visitantes seguían caminando de un cuadro a otro, yo solo estaba ahí: sentía que no podía irme, como si hubiera algo magnético.

Me resultó llamativa la variedad de miradas dibujadas. ¿A dónde mira la mujer? ¿Sus miradas están desafectivizadas? ¿Qué revelan y qué esconden?
Su mirada parece estar cubierta por una máscara. Su rostro es ambiguo y un aura insondable recorre la pintura. Algo de aquella mujer no se deja interpretar, atrapar. Hay en ella una impredicatividad

La cantidad de círculos dibujados en la pintura me remiten a encierro cual calesita infantil que no importa cuán rápido vaya, esta está detenida.

Respecto a su título ¿lo podremos pensar como un fin de análisis? El fin de análisis tiene que ver con despojarse de algo/alguien. ¿A quién tira la mujer? ¿Al Otro? ¿A su analista? ¿A una parte de sí misma?

Me impresiona que la expresión de su cara no condice con la magnitud de su acto. Hay una desproporción en el hecho de que pareciera estar des-haciéndose de algo clave pero a la vez ella está ausente.

Para probarme que no quedaba atrapada en el cuadro salí del museo, allí pude ordenar algunas ideas: tal vez a diferencia de la pluralidad de imágenes con las cuales convivimos y poco dicen, este cuadro es provocativo, incomoda. No es un cuadro que apacigüe ni complazca la mirada.

El último día de mi estadía en DF antes de mi regreso a Buenos Aires no pude evitar volver al museo. Me detengo en el cuadro, veo un cuadro agujereado con interrogantes que no termino de responder. Este cuadro es una pregunta.

Fiorella

Querida amiga,

Recibo tu carta justo en un escenario donde el protagonismo está en la mirada. Estoy sentada en un café en frente de los jardines de Luxemburgo. Percibo que sus sillas están dispuestas cual escenario de teatro, el que pasa por la calle es el actor. Como si Paris fuera un teatro y cada quien se inventa un guión. En este viaje, el primero desde mi partida de Buenos Aires, el tiempo transcurre lento y me ha costado libidinizar nuevos lugares. París me hace bien, el viento sopla, mi pelo vuela y con él alguna nostalgia de lo que se ha ido, de lo que no se ha hecho. Por suerte no es solo nostalgia.

Tu carta me hace reconectar con la escritura. Escribir es como una sesión analítica, esas donde se buscan trazos de sí misma. Esas, en las que se quiere ir a ver en medio de las tinieblas y la oscuridad las letras necesarias para atrapar, leer, inventar. Escribir es el intento de atrapar lo que se fuga.

Este cuadro que tanto te ha impactado me impulsa a buscar en el rostro algún rastro de “verdad”.

Me gusta que digas que el cuadro te mira. Al terminar tu carta me quede pensando porqué habrás sentido esto como una verdadera experiencia. ¿Tendrá que ver con que te pudiste mirar en ese cuadro? algo te convocó a descifrarte allí.

Relataste el cuadro como Freud le solicitaba a sus pacientes contar sus sueños, por partes, fragmentos de muchas escenas que construyen una historia. ¿Estarás ordenando los significantes que organizan tu respuesta frente a la pregunta dónde estás en el cuadro?

Mientras escribo, pasan delante de mí diferentes personas, me pregunto ¿quiénes serán los parisinos y quiénes los turistas? Todos caminan con cierta liviandad, en un ritmo cauto que no me permite distinguir del todo quién es el extranjero. Me pregunto a dónde van, de dónde vienen, qué hacen acá.

Un cuadro se expone para ser mirado, que te haya hecho retornar, volver para ver, ¿no es esto una verdadera experiencia de fascinación? Hablamos juntas en estas cartas sobre la mirada, ¿qué nos pasa con lo que miramos? Ahí donde dirigimos nuestros ojos armamos nuestra propia escena, un cuadro. El nuestro.

Lo que a mí me impresionó de Remedios Varo son los ojos vacilantes que no miran al mismo lugar, que distraen y oculta la naturaleza del rostro. No hay boca. Algo calla. Son ojos puros que tampoco revelan la mirada.

Su mirada está revestida por una máscara. Una mascarada, un engaño en quien se dice saliendo o tirando o… ¿será este el ombligo del cuadro, como el ombligo del sueño?

En relación a tu idea de tomar el significante saliendo como momento conclusivo de un fin de análisis, me evoca las pasiones que para Lacan atraviesan esa experiencia: el amor a la ignorancia, el horror al saber, justo ahí donde el afecto vela la castración. Justo ahí donde se pueden encontrar las determinaciones primordiales de un sujeto.

Terminar un análisis en buenos términos, si se puede decir así, será salir del horror al saber para ingresar en el deseo de saber sobre esos significantes amos que se esconden detrás de la máscara.

Con todo eso me pregunto ¿Sabrá la mujer qué lanza al pozo? ¿Será un acto de intención yoica? ¿O es un acto producto del atravesamiento a su propio horror al saber?

No lo sé, estoy tratando de leer mi propio cuadro.

Amiga querida, escribir es como querer ir a atrapar los monstruos que se inventaron en la infancia, cuando se atrapa uno aparece otro. Escribir es imposible.

Que tu viaje a México te siga sorprendiendo.

Ximena